sábado, 15 de febrero de 2014

Soledad

Justo hace un año  me subía a un avión rumbo a lo desconocido, como de costumbre. Pero probablemente fue la vez que más aterrada estuve. Bendito el momento en el que decidí dar ese salto al vacío, take a leap of faith, y seguir con el plan establecido. Montarme en un avión con parada técnica en Bangkok y  aterrizar en la caótica Phnom Pehn. Buscarme la vida para llegar a la costa, Sihanoukville, ese pueblo de mochileros famoso por sus fiestas y sus prostitutas. Aparecer en una tienda de Buceo de la que solo conocía el nombre y dejar que ellos me llevaran a una isla cuyo nombre ni siquiera sabía. En mi mochila, lo básico y poco más. Un aterrador comienzo a una dulce y amarga aventura que podría resumir como uno de los mejores años de mi vida. 365 días de emociones.



Si tuviera que hacerlo todo de nuevo lo volvería hacer, pero tal vez sin miedo alguno. Sé por experiencia que la idea de no saber el que será nos aterra con locura  y en nuestra cabeza nos imaginamos siempre el peor escenario… Será que somos pesimistas por naturaleza. Pero una vez te das cuenta de que nada es tan terrible como pensabas, entonces cambia la perspectiva.

  


Durante este maravilloso año aprendí que no necesitamos ni agua corriente, ni electricidad, ni cobertura de teléfono para vivir. Una noche, metida dentro de mi mosquitera, con la luna iluminándolo todo a través de la ventana escribí que Al desaparecer el sonido del generador puedo notar como el sonido del silencio vuelve a la vida y la noche se ilumina. Los grillos y las olas son mi compañía, mientras la oscuridad se vuelve clara y recuerdo lo que brillan las estrellas y que la mejor farola será siempre la luna. Y es que vivir en una isla, sin electricidad es un regalo... Para mí, la mejor realidad. Comprendí con ello que cuanto más intentamos facilitarnos la vida con tecnología tal vez más acabamos complicándonosla. Que la magia está en los detalles, en las cosas simples y en todas esas experiencias o estímulos que acabamos dejando pasar desapercibidos por las distracciones de nuestro alrededor.


Si tuviera que elegir una palabra para describir todo este año elegiría Soledad. Sola he llorado, me he sentido pérdida, he sentido miedo y sola me he enfrentado a los problemas. Nunca me he sentido tan sola como lo he hecho este año, solo yo he sido consciente de ello. Pero de alguna manera la soledad ha sido elección propia, nadie me ha obligado a irme o nadie me ha negado la compañía. Y es que siempre he sido yo la que elige viajar sola y la que no ve en ello un impedimento sino un reto añadido. Pero porque hay que confinar la soledad a un aspecto negativo. Sola también he aprendido, sola he disfrutado y sola he sido feliz. Dicen que solo aquellas personas que han sido felices se dan cuenta que toda aquella persona que nos haga sentir menos no merece nada de nosotros. Y es que entre tantas cosas que he aprendido, este año he aprendido a ser egoísta y pensar en mí. He aprendido que no hay que agradarle a todo el mundo y que sobre todo no todas las personas merecen nuestra energía o nuestro esfuerzo.  Y es que tenemos la libertad de elegir con que nos rodeamos y afortunadamente podemos elegir lo positivo, ya sean personas, situaciones o cosas.



Hoy también cumplo 8 meses en Nueva Zelanda, ayer inmigración me recordó que solo me quedan 45 días de visado y que no se me olvide irme del país. Gracioso que en los últimos 3 años sea este el lugar donde haya pasado más tiempo seguido. No sé si haya sido elección propia, suele pasarme que nunca hago elecciones y que simplemente las cosas fluyen de cierta manera, como diría Gal: You are a drifter,  y justamente eso me ha sucedido los días pasaron un día a la vez y de pronto me encuentro con que es hoy. En cuanto al departamento de inmigración, que sepa que aun no tengo pasaje. Llevo casi 1 mes intentando comprarlo y no lo he hecho por otra razón que porque no puedo elegir fecha. Mi humor va y viene cual hamaca, que me quedo menos porque no me encuentro a gusto y me apetece irme a ver a mi familia, quedar con mis amigos y comerme una buena Fideua Valencia, aprender alemán en Múnich y pasar un tiempo con Cristina explorando nuevos lugares, buscando nuevas posibilidades. O que me quedo hasta el final para no irme con un mal sabor de boca y hacer todas esas cosas que quiero hacer antes de irme como irme de trekking una semana sola por la montaña, ver un kiwi en libertad, bucear en busca de un Dragón marino, es decir elegir que no me voy con cosas pendientes por hacer. Todos estos cambios de  ideas esto podría atribuirse a mi falta de vida social, que llevo viviendo en la sala de mi casa -cual ocupa-  ya casi 1 mes o que trabajar 6 días a la semana simplemente me consume. Contaría con una mano los buenos amigos que tengo aquí y seguramente me sobrarían dedos, pero he aprendido a prescindir de gente y es algo que me enorgullece. Además, no es difícil ver que simplemente un día, un solo día haciendo algo diferente, es suficiente para recargarte de energía y hacer que te enamores de nuevo de este lugar. Entonces te preguntas cuantas cosas más, cuantas nuevas posibilidades existen aquí.  El día en que iba a comprar mí pasaje vino una chica Holandesa a la tienda a probarse unos zapatos, mientras se probaba tamaños y modelos estuvimos hablando una hora o así. Esta chica nunca lo sabrá pero fue un punto de inflexión en mi historia. Al final de la conversación quedé convencida que no hay que dejar lugares porque no estemos bien en ellos, que la capacidad de cambiar la historia depende únicamente de nosotros y que tal vez hay cosas que valen la pena el esfuerzo. Además volver a Valencia solo sería ir para atrás como los cangrejos, o al menos eso creo yo.





Donde estoy 365 días después, en las antípodas. En una pequeña ciudad que no deja de cambiar, con el mar y la montaña tan cerca que prácticamente puedes ir a esquiar y surfear todo en el mismo día. Un lugar donde cualquier rincón bajo las estrellas es apto para pasar la noche y donde los niños crecen entre verdes colinas. Y es que a veces dejamos que otras cosas nos nublen los ojos y nos olvidamos de percibir la belleza de todo aquello que nos rodea. Hoy mi corazón me dice que le de otra oportunidad a Nueva Zelanda, que fácil es huir en busca de algo nuevo porque nos aburrimos de la rutina, pero tal vez lo complejo de quedarse es lo que hace que la historia valga la pena. Y es que últimamente me he preguntado si la raíz de mi vida nómada es una huida o una búsqueda… Aún no lo sé, tanto Andrés como Diana me insisten en que lo mío es una búsqueda pero yo a veces lo dudo.



 
Maravilloso año que al menos yo aún no doy por terminado, pues la historia aun continúa y la lista de aventuras sigue creciendo. Un año con 2 año nuevos, un cumpleaños con la torta más bonita que he recibido jamás, atardeceres balanceándome en la hamacas después de horas respirando bajo el agua, aventuras y muchas primeras veces. Amigos para toda la vida, desconexión del mundo. Encontrarme con una nueva familia que me acogió como una más, recordar que al final las cosas siempre acaban funcionando, mi primer trabajo. Volver a redescubrir hobbies que había dejado en el olvido y volver a retarme a mí misma. Mi último examen. Risas, lágrimas y dolores de cabeza. Aventuras, cidra, tuktuks y bicicletas. Reencuentros con viejos amigos y nuevas personas que me conquistaron el corazón. Si es que las aventuras no son constantes y mucho menos lo es la felicidad, pero todos sabemos que en la vida los opuestos son igual de necesarios y que sin ellos la vida sería absolutamente.






Hoy decidí enamorarme de Nueva Zelanda y darle una oportunidad. Siempre ha sido más fácil quedarse en un lugar al tener que volver una vez ya te has ido, pero yo nunca he puesto esto en práctica. Aún así creo que es buen momento de intentarlo y si no funciona… Barcelona nos vemos el 26 de Marzo porque de aquí el Big Boss me tirará.


Porque estos 365 días parecen más un sueño que una realidad, y por ahora a seguir escribiendo este capítulo que la historia aun no termina.









Gracias a todos aquellos que me han acompañado en este viaje a través de una pantalla, que cerca se puede estar estando tan lejos <3

No hay comentarios:

Publicar un comentario