Justo hace un año me subía a un avión rumbo a lo desconocido,
como de costumbre. Pero probablemente fue la vez que más aterrada estuve.
Bendito el momento en el que decidí dar ese salto al vacío, take a leap of faith, y seguir con el
plan establecido. Montarme en un avión con parada técnica en Bangkok y aterrizar en la caótica Phnom Pehn. Buscarme
la vida para llegar a la costa, Sihanoukville, ese pueblo de mochileros famoso
por sus fiestas y sus prostitutas. Aparecer en una tienda de Buceo de la que
solo conocía el nombre y dejar que ellos me llevaran a una isla cuyo nombre ni
siquiera sabía. En mi mochila, lo básico y poco más. Un aterrador comienzo a
una dulce y amarga aventura que podría resumir como uno de los mejores años de
mi vida. 365 días de emociones.
Si tuviera que hacerlo
todo de nuevo lo volvería hacer, pero tal vez sin miedo alguno. Sé por
experiencia que la idea de no saber el que será nos aterra con locura y en nuestra cabeza nos imaginamos siempre el
peor escenario… Será que somos pesimistas por naturaleza. Pero una vez te das
cuenta de que nada es tan terrible como pensabas, entonces cambia la
perspectiva.
Durante
este maravilloso año aprendí que no necesitamos ni agua corriente, ni
electricidad, ni cobertura de teléfono para vivir. Una noche, metida dentro de
mi mosquitera, con la luna iluminándolo todo a través de la ventana escribí que
Al desaparecer el sonido del generador puedo notar como
el sonido del silencio vuelve a la vida y la noche se ilumina.
Los grillos y las olas son mi compañía, mientras la oscuridad se vuelve clara y
recuerdo lo que brillan las estrellas y que la mejor farola será siempre la
luna. Y es que vivir en una isla, sin electricidad es un regalo...
Para mí, la mejor realidad. Comprendí
con ello que cuanto más intentamos facilitarnos la vida con tecnología tal vez
más acabamos complicándonosla. Que la magia está en los detalles, en las cosas
simples y en todas esas experiencias o estímulos que acabamos dejando pasar
desapercibidos por las distracciones de nuestro alrededor.

Si tuviera que elegir una
palabra para describir todo este año elegiría Soledad. Sola he llorado, me he
sentido pérdida, he sentido miedo y sola me he enfrentado a los problemas.
Nunca me he sentido tan sola como lo he hecho este año, solo yo he sido consciente
de ello. Pero de alguna manera la soledad ha sido elección propia, nadie me ha
obligado a irme o nadie me ha negado la compañía. Y es que siempre he sido yo
la que elige viajar sola y la que no ve en ello un impedimento sino un reto
añadido. Pero porque hay que confinar la soledad a un aspecto negativo. Sola también
he aprendido, sola he disfrutado y sola he sido feliz. Dicen que solo aquellas
personas que han sido felices se dan cuenta que toda aquella persona que nos
haga sentir menos no merece nada de nosotros. Y es que entre tantas cosas que
he aprendido, este año he aprendido a ser egoísta y pensar en mí. He aprendido
que no hay que agradarle a todo el mundo y que sobre todo no todas las personas
merecen nuestra energía o nuestro esfuerzo. Y es que tenemos la libertad de elegir con que
nos rodeamos y afortunadamente podemos elegir lo positivo, ya sean personas,
situaciones o cosas.
Maravilloso año que al
menos yo aún no doy por terminado, pues la historia aun continúa y la lista de
aventuras sigue creciendo. Un año con 2 año nuevos, un cumpleaños con la torta
más bonita que he recibido jamás, atardeceres balanceándome en la hamacas después
de horas respirando bajo el agua, aventuras y muchas primeras veces. Amigos
para toda la vida, desconexión del mundo. Encontrarme con una nueva familia que
me acogió como una más, recordar que al final las cosas siempre acaban
funcionando, mi primer trabajo. Volver a redescubrir hobbies que había dejado
en el olvido y volver a retarme a mí misma. Mi último examen. Risas, lágrimas y
dolores de cabeza. Aventuras, cidra, tuktuks y bicicletas. Reencuentros
con viejos amigos y nuevas personas que me conquistaron el corazón. Si es que las aventuras no son constantes y mucho
menos lo es la felicidad, pero todos sabemos que en la vida los opuestos son
igual de necesarios y que sin ellos la vida sería absolutamente.
Hoy decidí enamorarme de
Nueva Zelanda y darle una oportunidad. Siempre ha sido más fácil quedarse en un
lugar al tener que volver una vez ya te has ido, pero yo nunca he puesto esto
en práctica. Aún así creo que es buen momento de intentarlo y si no funciona…
Barcelona nos vemos el 26 de Marzo porque de aquí el Big Boss me tirará.
Porque estos 365 días
parecen más un sueño que una realidad, y por ahora a seguir escribiendo este
capítulo que la historia aun no termina.
Gracias a todos aquellos
que me han acompañado en este viaje a través de una pantalla, que cerca se
puede estar estando tan lejos <3






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