martes, 21 de enero de 2014

Historias de cosas perdidas


El domingo pasado fui a un festival de arte callejero (o Buskers, como se le llama en inglés). El festival fue maravilloso, me reí como una niña pequeña de cualquier chiste estúpido que hacían y cualquier mueca o tontería. No hay nada como volver a sentirse de 6 años.

El problema viene cuando volvemos al carro de mi amigo, me encuentro mi suéter en el suelo, lo recojo y digo “Uh esto es mio, que suerte que siguiera aquí” Imaginando que se me calló al meter mi chaqueta en la maleta. Abrimos la maleta al momento y pienso uhhh que raro mi chaqueta no está aquí. Camino al lateral y me encuentro la ventana del carro reventada. Resulta que algún subnormal decidió robarnos, tiraron una piedra a la ventana, después de 3 o 4 claros fallos de puntería (que se pueden comprobar por las abolladuras en la puerta) acertaron el tiro y rompieron la ventana. Se metieron en el carro, abrieron el maletero desde dentro y se llevaron: 1 mochila de mala marca con el uniforme de trabajo de mi amigo –camisa y suéter valorados en unos 300$-, un Tupperware usado y sin lavar y mi chaqueta impermeable North Face.

Pues en esta tontería perdimos un rato entre llamar a la policía, explicar lo que paso, describirlo todo, enumerar y valorar los objetos robados, etc… Menuda rabia me dio que se llevaran mi chaqueta y mas aún el echo de que nos robaran en un lugar como Nueva Zelanda. Irónicamente el GPS estaba puesto en el cristal y no se lo llevaron, tampoco abrieron la guantera.

Paralelamente hace unos meses estaba yo en mi isla feliz en el Golfo de Tailandia. No hay nada como la tropical vida Camboyana. Pues todos los días me tocaba caminar unos 3 minutos de mi humilde choza hasta el muelle donde montaba el equipo y me bajaba al barco para bucear. Por el simple hecho de que me tocaba atravesar la aldea y desgraciadamente la gente no era demasiado limpia por lo que cortarse los pies o agarrar infecciones era algo extremadamente sencillo, me ponía mis cholas/chanclas. Tanto mis cholas como cualquier otra cosa que llevara conmigo se quedaba afuera del centro de bueno en el muelle, pues culturalmente todos entramos en las casa descalzos como señal de respeto y todos los zapatos se quedan afuera.

Y llegó el día en el que volví de bucear y mis cholas habían desaparecido. Sorpresa de nuevo: ME HAN ROBADO! Pero alguien de la ONG me: tranquil que volverán. Sin darle importancia ha esto pase el resto del dia mirando en todas las puertas de las casas, en todos los pies y en todos los rincones por mi cholas. Total en una aldea de cómo mucho 100 personas es casi imposible que mis zapatos fueran muy lejos. 3 Semanas después mis cholas volvieron a aparecer en el mismo lugar en que las dejé, y es que eso de VOLVERÁN es real. La explicación es sencilla, en este lugar todo lo que dejar afuera o en lugares comunes se asumen que también los prestas, por lo que es normal que tus cholas o cualquier otra cosa desaparezca por un día o unas semanas pero luego siempre vuelve a aparecer. No hay maldad en el acto, es simple cuestión de cultura el tomar prestadas las cosas pues se asume que tu permiso está dado.

Increíble como viviendo en Camboya lo único que perdí fue el medio bikini que los perros decidieron devorar y que mis cholas volvieron a mi en la misma condición en la que yo las dejé ir. Mientras que en un país civilizado donde la gente tiene de sobra cosas materiales, tiene que comer todos los días y un techo donde dormir la gente decide robar por aburrimiento, avaricia o simplemente irrespeto por lo que es de otros.


Cómo echo de menos a los Khmer….

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