viernes, 1 de marzo de 2013

Variopinto mi autobús



                Un viaje de 4 horas de Phnom Pehn a Sihanoukville parecía un soplo de civilización en este lugar, o al menos eso era lo que el panfleto te hacía pensar la foto de un autobús nuevo, con aire acondicionado, baño y azafatas. Realidad, llegar a la estación de autobuses y darse cuenta que eso es una mezcla entre una gasolinera abarrotada de gente y un gallinero, donde los autobuses se anuncian por altoparlante y la gente se amontona en la poca área que hay de espera.


                Al subir al autobús y pensar que no habrá casi gente y que tendrás la suerte de tener 2 asientos para ti. Pues la realidad es muy diferente, el autobús se llena en los últimos dos minutos antes de salir y a medida que va dando marcha atrás puedes escuchar como hay gente que golpea al autobús por atrás, y sube gente y otra vez pasa lo mismo y sube un padre con sus hijas y otra vez. Hasta que finalmente el autobús logra salir.


                El trayecto de 4horas realmente es uno de 7 horas, de las cuales 2 horas son con el autobús casi detenido a la salida de la ciudad. Si es que eso puede definirse como salida, porque tienes la sensación de que la ciudad nunca terminar pues hay muchas casuchas amontonadas a lo largo de la carretera. Una vez ya llegas a la parte “rural” del camino te das cuenta que en la carretera pobremente asfaltada solo caben justo 2 coche, por lo que el autobús o a quien le toque suele disminuir la velocidad y colocarse la mitad en el arcén (igual a camino de tierra a los lados de la carretera). Aquí la conducción es bastante sencilla, vas normal y si decides adelantar pitas pitas y pitas avisando que pasas, la persona adelantada disminuye la velocidad o hasta se sale de la carretera para permitirte el paso sin problemas y sin rencores.

                La verdad un viaje bastante entretenido donde no existen paradas predeterminadas, el autobús para al menos 2 veces para que la gente pueda ir al baño y comer, y luego recoge y deja a gente continuamente a lo largo del recorrido. Al final lo único seguro son el lugar de salida y de llegada del autobús. Para sorpresa de muchos el autobús se llena y aun asi sigue subiendo gente, los niños se amontonan de a varios en un mismo asiento y cuando ya no cabe mas gente el ayudante del conductor empieza a colocar tablones de madera entre las filas de asientos donde se empieza a sentar gente.

                El autobús es como una gran casa donde hay una película en la tele. Todos la miran, comentan en voz alta y ríen como una gran familia. La película mala… asiática y mal doblada, pues tienes la sensación que las voces de hombres, viejos, mujeres y niños las hace todas la misma persona. Pero al parecer todos disfrutan de eso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario