
Un
viaje de 4 horas de Phnom Pehn a Sihanoukville parecía un soplo de civilización
en este lugar, o al menos eso era lo que el panfleto te hacía pensar la foto de
un autobús nuevo, con aire acondicionado, baño y azafatas. Realidad, llegar a
la estación de autobuses y darse cuenta que eso es una mezcla entre una
gasolinera abarrotada de gente y un gallinero, donde los autobuses se anuncian
por altoparlante y la gente se amontona en la poca área que hay de espera.

Al
subir al autobús y pensar que no habrá casi gente y que tendrás la suerte de
tener 2 asientos para ti. Pues la realidad es muy diferente, el autobús se
llena en los últimos dos minutos antes de salir y a medida que va dando marcha
atrás puedes escuchar como hay gente que golpea al autobús por atrás, y sube
gente y otra vez pasa lo mismo y sube un padre con sus hijas y otra vez. Hasta
que finalmente el autobús logra salir.

El
trayecto de 4horas realmente es uno de 7 horas, de las cuales 2 horas son con
el autobús casi detenido a la salida de la ciudad. Si es que eso puede
definirse como salida, porque tienes la sensación de que la ciudad nunca
terminar pues hay muchas casuchas amontonadas a lo largo de la carretera. Una
vez ya llegas a la parte “rural” del camino te das cuenta que en la carretera
pobremente asfaltada solo caben justo 2 coche, por lo que el autobús o a quien
le toque suele disminuir la velocidad y colocarse la mitad en el arcén (igual a
camino de tierra a los lados de la carretera). Aquí la conducción es bastante
sencilla, vas normal y si decides adelantar pitas pitas y pitas avisando que
pasas, la persona adelantada disminuye la velocidad o hasta se sale de la
carretera para permitirte el paso sin problemas y sin rencores.

La
verdad un viaje bastante entretenido donde no existen paradas predeterminadas,
el autobús para al menos 2 veces para que la gente pueda ir al baño y comer, y
luego recoge y deja a gente continuamente a lo largo del recorrido. Al final lo
único seguro son el lugar de salida y de llegada del autobús. Para sorpresa de
muchos el autobús se llena y aun asi sigue subiendo gente, los niños se
amontonan de a varios en un mismo asiento y cuando ya no cabe mas gente el
ayudante del conductor empieza a colocar tablones de madera entre las filas de
asientos donde se empieza a sentar gente.
El
autobús es como una gran casa donde hay una película en la tele. Todos la
miran, comentan en voz alta y ríen como una gran familia. La película mala…
asiática y mal doblada, pues tienes la sensación que las voces de hombres,
viejos, mujeres y niños las hace todas la misma persona. Pero al parecer todos
disfrutan de eso.
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