Para entonces podíamos decir que tanto mi
mochilota como yo habíamos completado el trayecto de 20 horas de forma más que
exitosa. Nada más salir a la calle sientes el calor, la humedad… ese aire
especial de país tropical y piensas AQUÍ ME VAN A DEVORAR LOS MOSQUITOS,
NECESITO UNA DUCHA YA! Los taxis y tuktuks (bicis con remolque como los definirían
algunos) se aglomeran en la entrada del aeropuerto y te abordan todos
intentando conseguir llevarte a ti a la ciudad. El trayecto es de unos
30minutos, en taxi son 9$ y en tuktuk unos 7$. Decidi ir en Tuktuk sin pensármelo
dos veces, total es más barato y porque no admitirlo que suena mas divertido.
Además así me daba un poco el sol, que por palabras del propio conductor ESTOY
MUY BLANCA Y NECESITO SOL. Si no será por ser blanca y rubia, digamos que en
este país soy lo exótico y siente como la gente te observa sin disimulo mientras
tu vas sentadita toda feliz en el tuktuk.
Phnom Penh
tiene un aire familiar que me resulta acogedor. Soy persona de ciudad grande
por lo que el caos es algo que me encanta y Phnom Penh no es la excepción.
Además las calles están llenas de bicicletas, tuktuks, motos y furgonetas todos
a rebozar de gente, compras o mercancías. Los carriles no existen precisamente,
los semáforos no son respetados y los policías menos aún. Las bocinas sirven
para pitar continuamente avisando de que vas a adelantar o de que pasas (por si
alguien no te había visto ya) y los vehículos moderan su velocidad para poder
esquivar a otros vehículos sin necesidad de detenerse. En fin, que visto dese
afuera todo es como un armonioso trenzado de vehículos que van de un lado a
otro y que sorprendentemente funcionan en un equilibrio perfecto. La contaminaciòn se siente en el cuerpo, en los ojos y vez como todos los que van en moto o bici se tapan las vias respiratorias. En cuanto a
la ciudad en sí, si tuviera que definirlo de alguna manera seria mi versión de
un Higuerote playero (no por otra cosa pero porque higuerote es la playa donde
crecí). Para describirlo de alguna manera tienen un ambiente húmedo y pegajoso,
típico de playa tropical – aunque por Phnom Penh lo más cercano a una playa es
el río Mekong- Las tiendas y puestos están a los lados de la calle y todas
tienen más mercancía puesta fuera o colgada por todos los lugares posible en la
fachada de la que probablemente tiene dentro. Encontrar alguna cosa especifica
sería una tarea imposible si no conoces el lugar porque aquí hay lo que hay
donde lo hay y punto, no intentes pedir demasiadas explicaciones o intentar
encontrarlo por casualidad. Los puestos de comida callejera inundan las
callejuelas y no se limitan al simple puestito donde cocinan lo que sea sino
que aquí hay hasta toldos y mesas y sillas de plástico. Vendedores ambulantes
te pueden ofrecer desde el papelón/caña de azúcar hasta frutas de todo tipo. Y podría
seguir hablando de los millones de cosas que hay por aquí pero creo que no acabaría
jamás. En fin, que lo que me transmite este lugar es una sensación tan familiar
que hasta se vuelve nostálgica, diría que es un paraíso tropical a lo
venezolano sin estar en Venezuela y simplemente me resulta dulcemente familiar,
como si hubiese estado aquí antes pero se me había olvidado.
Nenita!!! Como te has ido tan lejos! Espero que lo disfrutes muchísimo, que seguro que lo harás.
ResponderEliminarTe dejo este blog por si te sirviese, es de un amigo que hizo más o menos lo que tu. http://paultailor.tumblr.com/archive
Un abrazo!