sábado, 21 de mayo de 2011

Sweet Ass - The Kiwi Experience


Hay lugares que te dejan sin aliento, y debo admitir que Australia por ahora no es uno de ellos. Sin embargo a 4horas en avión de aquí nos encontramos con un lugar mágico digno de ser escenario de película, y bien lo sabe el Señor de los anillos… Nueva Zelanda cautiva, sino es por su encantadora belleza es por su gente dulce y amable (dicen que son las personas más amigables de mundo). Un viaje de 1.800 kilómetros entre montañas de vértigo, lagos turquesas, helechos que lo cubren todo, glaciares por doquier y un clima increíble....



En solo 9 días recorriendo su isla sur este país logró conquistarnos, a pesar de que un mes antes su capital sufriera un fuerte terremoto que dejó la ciudad en ruinas. Por esta razón no pusimos ni un pie en Christchurch, aunque este sirvió de punto de partida para una experiencia increíble…

Camino a nuestra primera parada, Franz-Joseph Glacier, nos encontramos con una pequeña feria de pueblo (pero de pueblo pueblo) y no pudimos evitar pararnos. Rodeados de llamas, ovejas y niños que parecían pequeños cowboys dimos una vuelta por el lugar. Presenciamos competencias de rapar ovejas, el perro que salta más alto, caballos y jinetes saltando, cortar troncos, hacer cosas con maderas y exposiciones de animales a “tuti plen”. Todo tipo de ovejas estaban ahí esperando ser vistas, y es que en un país donde hay muchísimas más ovejas que personas es algo que podemos esperar. Cerditos, conejos, caballos, perros y llamas entre muchos otros animales. Comida, pues muchas carnes… para tormento de nuestras dos amigas vegetarianas.
Fox Glacier te deja sin aliento, nunca pensé que estaría en un glaciar y por eso no dejé pasar la oportunidad de ir. Un lugar silencioso y frio, a pesar de llevar una cantidad innombrable de capas nos para evitar se victimas de la lluvia acabamos por empapamos. El destino quiso que el único día de lluvia nos tocara ahí. Las manos, la nariz y todo el cuerpo helados, pero aun así estábamos maravillados con el panorama. Un hielo tan limpio que es azul, realmente increíble, un silencio impresionante y muchísimo frio (aunque es normal teniendo en cuenta que estábamos caminando sobre un cubo de hielo gigante).



El lago espejo y Wanaka fueron otros de los lugares en los que paramos en nuestro viaje hacia Queenstown. Puzzle World, un lugar lleno de juegos mentales, ilusiones visuales y problemas que resolver, nos puso a prueba, nos hizo reír y hasta nos sacó de quicio. El laberinto que tienen en el jardín no lo terminamos porque colapsamos. Solo Thomas después de una hora logró acabarlo, incluyendo un mentalbreakdown casi al final. Las cuevas de los gusanos que brillan, Glow Worms, también fueron otra parada de nuestro pequeño viaje. Aquí las opiniones fueron tan dispares como que todo era una estafa porque no eran gusanos que brillaban sino luces puestas en una cueva u otros que decían que era increíble y que había valido la pena el esfuerzo. Y que esfuerzo, cuando nos dimos cuenta que de los dos Tours que habían de Glow Worms en Nueva Zelanda teníamos entradas para el tour de la Isla Norte en lugar de la Sur y que con los minutos contados teníamos que cancelar y pedir reembolso del otro tour y conseguir las entradas de este antes de que saliera el barco que te llevaba a la cueva.

Finalmente llegamos a Queenstown, una de las ciudades más grandes que visitamos. Aunque de ciudad este lugar tiene poco, en básicamente un pueblo bastante montañero y alpino que crece alrededor de un inmenso lago rodeado de montañas. La belleza del lugar es increíble, y cuando supimos que la habitación del hostal tenia un gran ventanas con una vista del lago espectacular no quedamos sin palabras. Aquí en Queenstown se comen las mejores Hamburguesas del planeta, o al menos eso dice la gente. Fergburguer hace hamburguesas de todo tipo de carne, desde vacuno, pasando por ciervo hasta vegetarianas. Pan recién echo, sus combinaciones innovadores sus mil salsas y sus ingredientes frescos son la clave para que eras Hamburguesas gigantescas sean simplemente perfectas. Vale la pena decir que aquí comimos 2 veces en los 3 días que estuvimos en el pueblo.
Queenstown fue nuestro punto de partida para llegar a Milford Sounds, Te Anau en su idioma nativo. Este lugar se encuentra en el extremo Sur de la isla en un parque conocido como Fiordland. Aquí los fiordos se extienden entre las aguas con una grandeza increíble. La diferencia entre los fiordos y otras formaciones es que en estos ha sido el hielo el responsable de tallar sus "islas". Un lugar simplemente espectacular en el cual dimos un paseo en kayak/piragua. Vimos focas que jugueteaban junto a nosotros, saltos de agua preciosos y unas montañas gigantescas que hacían que nos sintiéramos diminutos. La grandeza de este lugar es impresionante y su tamaño es descomunal. Lo que nosotros estimábamos que eran 3 kilómetros de orilla a orilla son mas de 16, y es que el tamaño de estas montañas hace que perdamos la noción de la distancia. He de admitir que 5horas en kayak fueron demasiadas y que a la hora ya tenía una ampolla en la mano cuya cicatriz será un maravilloso recuerdo para la porteridad ja ja ja ja ja. Pero la verdad fue maravillosa la experiencia, el clima era perfecto y a diferencia de cuando estuvimos en Fox Glacier aquí el sol nos dio cobijo y nos calentó lo suficiente para seguir remando entre sus heladas aguas. Aguas que en su sencillez esconden su gran profundidad y es que los 300metros de profundidad se pueden alcanzar con relativa facilidad entre estas montañas. En otras temporadas del año no es difícil encontrar delfines y pingüinos viviendo y jugueteando en estas zonas.


La vuelta a la ciudad no fue demasiado larga ya que aprovechamos para parar y hacer alguna que otra ruta entre las montañas. En una de ellas subimos hasta la cima de una montaña desde la cual teníamos una vista de 360grados de todas las montañas que nos rodeaban, en especial del Monte Cristina. Un túnel gigantesco y largo también fue parte de nuestro camino, en su interior no hay ni una luz y solo cabe un coche por lo que su trafico está regulado por semáforos en cada entrada.

Volvimos a Queenstown donde comimos hamburguesas de nuevo e hicimos Rafting, actividad de la que estaba absolutamente aterrorizada y que al final resulto ser un poco fiasco. No nos caímos, nuestra balsa no volcó y no paso nada extraordinario. Eso si mientras el río estaba en calma pude darme un baño en sus heladas aguas, por supuesto que bien equipada con mi con neopreno, escarpines, chaqueta y chaleco. Después de mi pequeño baño en las heladas aguas mis dedos me odiaron el resto del camino porque la pequeña cantidad de agua que me entró en los escarpines era suficiente para hacer que mis deditos se congelaran. El final del recorrido acababa con un túnel de unos 200metros que tenía una cascada en su final. Pero tranquilos NO PASÓ NADA! Este fue el mejor momento para hacer amigos, y es que estaba en mi balsa con puros desconocidos excepto un chico alemán que estaba en nuestra misma habitación del hostal. Exactamente, al chico le agarré el brazo muerta de miedo al principio y él no hacía más que reírse de mí. Ja ja ja ja ja Esa misma noche aprovechamos para salir un poco por la ciudad y tanto Fynn, el chico alemán del rafting, como Nadine otra alemana solitaria que también estaba en nuestra habitación nos acompañaron. Locura de noche, es especial porque Thomas y Rachel… they went wild. Saki bombs y Galaxy express fueron los protagonistas de la noche... Hay que recordad que Nueva Zelanda junto con sus ovejas es famosa por su lana, así que no perdí la oportunidad de conseguir un gorrito 100%handmade echo por una chinita encantadora con lana local.


Nuestra ultima parada antes de volver Christchurch fue el Lago Tekapo, un lugar perfecto para ver las estrellas. Su lago con un cremoso color turquesa resulta una exquisitez para la vista. En sus cercanías también visitamos el Monte Cook con su glaciar, es una lástima visitar este lugar después que el Fox Glacier porque ahora nos parecía poco y pequeño, eso si a sus pies nace un río en el cual flotan inmensos trozos de hielo que hacen que la gente que hace kayak en sus aguas parezcan diminutas hormiguitas.


En conclusión un viaje increíble, a lo largo de los 1.800km que recorrimos el país no dejó de maravillarnos, sorprendiéndonos con nuevos paisajes en cada esquina. El fresco pero perfecto clima no resulto ser demasiado frío, aunque supongo que es un país donde el invierno dura mucho más de lo que algunos deseamos…
PD: en este viaje hicimos un montón de fotos, y aquí solo he puesto unas pocas, si te interesa ver las demás pincha/has click aquí à Sweet Ass – The Kiwi Experience

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