Ese
8 de junio mientras Chloe llegaba a este maravilloso mundo en algún rincón de
Valencia, Jaume celebraba su despedida de soltero al puro estilo Brave Heart en
la España profunda y yo me sentaba en un bar y por primera vez en mi vida un
poco de Happiness en mi sistema.

Porque siempre
es más fácil escribir cuando andas triste, estresado o asustado creo que es
bueno también compartir momentos de euforia, alegría o en este caso experimentación.
Además no debemos olvidar como de alguna manera nos hemos convertido en la
generación obsesionada con documentar todo lo que hace y porque sé que no
quiero olvidar algo así he decidido escribir esto. Todo aquel que me conoce
bien sabe que ni fumo, ni bebo y que bailo pegao’ solo en confianza – pero así
es como acaba el dicho-. Sin embargo, la vida en Camboya me ha dado para todo y
como la he disfrutado, tanto me ha dado
que hasta he probado cosas diferentes.

Dice la literatura, es
decir Miss Lonely Planet fiel compañera de viaje, que en Camboya la marihuana es ilegal fumarla
pero que esta sirve como ingrediente en algún plato de la cocina tradicional.
Sin embargo después de recorrer el país entero y buscar en más de algún
restaurant nunca me tope con ese plato que tuviera esta hierba como ingrediente.
Con lo que sí nos topamos en con un grupo diferente de bares/restaurantes en la
costa que ofrecían algo parecido… No encontramos platos tradicionales pero la
oferta de Happy Pizzas, Happy Cookies, Happy Brownies y Happy Truffles nos
invadía por todos lados.

Y así fue como en mi último fin de semana decidimos comer galletas. Con el fin de semana por delante y la próxima inmersión a días de distancia parecía el momento ideal para que experimentar entre amigos con lo que se define como una droga completamente natural. Si tuviera que describir la experiencia diría que al comer la galleta ni te enteras de lo que haces y piensas que no pasa nada hasta que un rato después te das cuenta que en las fotos tus ojos están pequeñitos y rojo y que siendo una persona que se ríe bastante de normal ahora por alguna extraña razón no puedes dejar de reírte, llegando al punto de llorar de la risa. Creo que no había tenido un ataque de risa así desde hace muchísimo tiempo… Y COMO LOS DISFRUTE. Una chancla/chola que desaparece de pronto, una inexplicable erupción en la piel, un concurso de LadyBoys al puro estilo de Miss Universo, un parto retransmitido casi en directo desde Valencia via whatsapp, niños gamberros en la playa vendiéndote pulseras y triquitraquis/petardos, un sinfín de situaciones que en su mayoría resultan bastante cotidianas en el Sudeste Asiático pero que una noche así son motivo de risas, lagrimas y dolores de barriga. Porque si me pregunta que fue lo que sentí la única manera en la que puedo describir la experiencia es: NO SENTÍA NADA DIFERENTE, SIMPLEMENTE ME SENTÍA FELIZ. Y es que Chloe decidió venir al mundo en un día muy pero que muy feliz, y es que no podría haber sido de ninguna otra manera.

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