La vida me ha enseñado que a pesar de que parezca que el momento ya pasó: nunca es demasiado tarde para empezar. Cuestiones de la vida mezcladas con un puñado de buenos amigos combinados de la forma mas excepcional me hicieron probar la escalada a mis 22 años. Quien me habría dicho que con ella aprendería a controlar el vértigo que hace que mis rodillas tiemblen y que entre cuerdas encontraría a mi primer amor. De aquellos días ahora me quedan muchos buenos amigos a los cuales aprendí a confiarles mi vida, un corazón roto pero feliz y un nuevo hobby que se a convertido en un punto en común con muchas nuevas personas en mi vida.
Seria cuestión de tiempo el aprender a bucear, mis padres se conocieron a través del buceo en aquellos maravillosos años 70 y luego desde que tengo memoria mi tío aventurero me prometía que a los 12 me enseñaría a bucear. Cumplí los 12... 13... 14... 15... y así hasta los 21. entonces tomé el asunto en mis propias manos. ahora buceo dos veces al día y puedo confesar que bajo el agua el mundo se convierte un lugar lleno de paz, colores y animales inimaginables. Cada inmersión es diferente y la lista de cosas por ver no hace mas que crecer. Un nuevo hobby que me enseñó el amor propio y me ayudo a encontrarme, con el que aprendí a hablar sin palabras y me dejó descubrir un nuevo mundo de amigos con los que disfrutar de otro mundo.
El mundo no es mas que un lugar lleno rincones mágicos esperando a que los descubramos. Las formas de descubrirlos son infinitas, unos escalan mientras otros bucean, otros caminan y suben hasta rozar las nubes, otros se arrastran por oscuras y húmedas cuevas, algunos mas navegan mientras otros sale a pedalear y otros simplemente salen a explorar. No importa la forma pero la conclusión es la misma quedándose quieto no se nada nuevo, falta un poco de ganas, otro poco de valor y algo de esfuerzo para salir la aventura. No se necesitan descubrir nuevos continentes para encontrar cosas maravillosas...


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