Existen esperas que son agónicas...
Ahora sentada en el sofá de casa y veo los minutos pasar lentamente y es que a
veces por acabar todo demasiado rápido no te queda otra opción que sentarte y
esperar. Las maletas listas; bolsas con comida, jabón, perchas y cualquiera
otro objeto que ahora te resulta inútil esperan sentadas en el suelo para ser
repartidas entre los amigos; el resto del día esta relajadamente planeado (o
sea hay un plan pero voy con el flow) y por ultimo una extraña sensación. Esas
que sientes cuando los cambios se dan por periodos muy cortos y no te da tiempo
de asimilarlos… Luego vuelves a casa -normalidad- y parece que todo hubiese sido un sueño.
Personalmente creo que cualquier
periodo menor a 6 meses es demasiado corto para nada. Puedes aprovecharlo al máximo
pero siempre te quedará la sensación de que necesitabas más tiempo o que ojala
hubieses estado otros meses más. A estas alturas creo que soy inmune a las
despedidas, ya no lloro al decir adiós. Supongo que porque he aprendido la
diferencia que a un amigo de verdad siempre le dices un hasta luego y a dos
demás, pues simplemente se convierte en un dulce compañero de camino que estuvo
ahí en una etapa especial, pero que muy probablemente no vuelvas a ver más (y
esto no significa que no ocurra con amigos también, pero de un amigo me cuesta
menos despedirme porque vaya a donde vaya seguirán en mi vida).

De esta aventura me quedo con lo
aprendido y con una sed increíble de saber todo lo que aun queda por venir. Si
es que solo cambiamos de escenario pero la diversión continua. Del máster, me
quedo con lo aprendido aunque no sé porque esperaba aprender muchísimo más.
Supongo que es como mi papá siempre dice: “la
universidad sirve para hacer contactos y conocer a gente. Es muy difícil
aprender algo de verdad ahí, eso ya lo aprenderás con la práctica.” Y cada día
que pasa estoy más de acuerdo con él! Si es que ha sido así estos meses, siento
que he aprendido más escuchando a los profesores hablar. Y como disfrutamos de
ellos, si nos quedábamos hasta la 1 de la madrugada sentados y hablando o mejor
dicho escuchando sus historias. Estos meses me he vuelto a sentir como una niña
pequeña, cuando tus padres o mejor aun cuando tus abuelos te contaban sus historias
y tu mirabas anonadado y como una esponjita lo absorbías todo. Supongo que es
algo que tendemos a perder pero que no debería ser así… Y eso, muchas historias
y una deliciosa sensación nueva: por primera vez he conocido a gente que se
trabaja en el campo que me gustaría a mí trabajar y a diferencia de muchas
otras personas aquí te das cuenta que más que una carrera es una pasión, cosa
que admiro y envidio.

De la gente, muchos nuevos amigos de
mil lugares diferentes. Y sobre todo me quedo con el poder cruzarme por el
camino con viejos y queridos amigos. Algo que disfrute y que no esperaba fue
encontrarme con gente de tantos lugares diferentes del mundo, y es algo que te
acerca a nuevos mundos y te crecer.
Y no hay mucho más que decir, de
muchos de los viajes que hice creo que este es uno de los que más he aprendido
o he crecido. Por circunstancias, el entorno, la gente o no sé exactamente
porque siento que más que aprender en la universidad e aprendido fuera de ella.
Pero por ello no me voy a quejar, de hecho estoy encantada porque aunque es difícil
de explicar hoy soy un poco mejor y hoy estoy un poco más a gusto y soy un poco
más feliz (no soy miserable ni mucho menos, pero por fortuna en la vida siempre
se puede ir a mejor!).
Y por ahora a seguir escalando,
seguir rodeándome de gente y cosas positivas y a disfrutar…. Que ahora toca
comerme el mundo! Gracias a los que se han cruzado conmigo, espero que nos
volvamos a ver en algún otro rincón de este maravilloso planeta! Mi casa, esté
donde esté siempre está abierta para quien quiera pasar por ella.
No hay comentarios:
Publicar un comentario